¿Psicología infantil?

Hace tiempo que me estoy fijando en cómo nos relacionamos las personas entre sí. Y me sorprende ver la violencia que ejercemos sobre algunos, no sé si nos damos cuenta o no, pero sé que lo hacemos. Es probable que nos hayan enseñado que así es como se hace y no nos planteemos otras maneras. O quizá es que no conocemos otras formas de reaccionar cuando ya no podemos más.

Os cuento algunos ejemplos para que entendáis lo que os quiero decir. Recuerdo estar hace tiempo en la calle y oír a una mujer gritar: “Es que eres malo, muy malo. No haces nada bueno”. A lo que no hubo respuesta por lo que la mujer continuó: “Eres un auténtico demonio”. Yo pensé que si eso me lo dijeran a mí creería que no hay nadie más malo en este mundo que yo.

En una tienda vi como un hombre la zarandeaba con fuerza mientras susurraba: “Si no me obedeces de una puñetera vez te encierro en el coche”. Creo que no se quedó tranquilo con tal amenaza, estábamos a casi 40 grados a la sombra, porque continuó. “Ahora mismo te quedas a mi lado y no te muevas hasta que yo te lo diga”. La sonrisa de ella desapareció por completo y sólo miraba al suelo, sin moverse de su lado, por supuesto. Yo me pregunté de cuánto tiempo estaba hablando ese señor, porque un par de minutos yo podría aguantar pero más no lo tengo claro.

En la piscina me di cuenta que otra mujer la sacó tirando de un brazo y le dio varias azotes bien sonoros en el culo. Aquí sí observé que ella se ponía a llorar y se llevaba la mano a la zona que no había tardado en enrojecer. Como en los casos anteriores no terminó aquí, la llevó en volandas a la hamaca y le dijo: “Se acabó tu baño”. Mientras ella volvía tranquilamente a la piscina. Sólo de verlo me había dolido a mí, así que imaginé que a ella le picaba bastante.

Y hace poco, en un restaurante, otro hombre llegó por detrás de él que estaba hablando con otros, lo cogió por la fuerza y se lo llevó. Yo los seguí con la mirada para ver hacia dónde iban, lo sentó en su mesa mientras él pataleaba y chillaba. Nadie hacía nada, él no le daba ninguna explicación hasta que le puso un plato delante y le dijo: “¡Come y calla!”. En este caso yo sé que me habría llevado un gran susto porque no lo habría visto venir.

Si os dais cuenta no os he contado cuál era la situación previa, pero seguro que no la necesitáis para censurar lo ocurrido. Ninguno de nosotros permitiríamos ese trato de un jefe, amigo, desconocido… de nadie, ¿verdad? Pues sé que en todos los casos ese trato venía de las personas a las que más querían en el mundo… Eso lo convierte todavía en más peligroso porque con ellos son con los que se tendrían que sentir seguros y queridos.

Os preguntaréis por qué permitían ese trato y aquí sólo os puedo decir que a su manera ellos se defendían. Unos pataleaban, otros chillabas, casi todos acababan llorando y alguno era incapaz de moverse de su sitio. A lo mejor no es la forma más eficaz de defenderse pero tampoco podían hacer mucho más.

Y seguro que pensáis que soy una mala persona por no haberles ayudado, por quedarme sólo observando la situación. Aquí tengo que deciros que todos vosotros habéis presenciado estas escenas y tampoco habéis hecho nada. Sí, no pongáis esa cara, que es cierto, ahora os lo explico.

Todo esto ocurría entre madres/padres e hijos. Son momentos en los que esas madres y esos padres ya no podían más y reaccionaban así. Probablemente les habían dicho mil veces a sus hijos que se estuvieran quietos, que se sentaran a cenar…Y no hay duda que los quieren con locura y los protegerían de cualquier peligro que hubiera. Pero no nos damos cuenta de cómo los tratamos a veces.

Si a ti no te parece bien que se le grite, pegue, castigue… a un adulto no lo hagas con un niño. No está bien en ninguna circunstancia, no hay ninguna justificación. Podemos pensar que así nos han educado a nosotros y no hemos salido mal, que un azote a tiempo no le hace daño a nadie… La única realidad es que tratar así a un adulto es inaceptable, así que tratar así a un niño es igual de inaceptable o más.

 

¿Qué nos dice la psicología infantil?

Somos sus referentes, sus personas de confianza, sus lugares seguros… no hagamos que todo eso se rompa. Desde nuestro departamento de Psicología infantil os recomendamos usar los cinco sentidos con nuestros peques. Esto, además, les ayudará a reforzar la autoestima y a aprender a quererse a uno mismo:

  • Obsérvalos: no sólo los mires para que se porten bien. Observa qué hay detrás de lo que están haciendo, no demos por hecho que hay una mala intención. A veces sólo es necesario permanecer a su lado cuando tiene una pataleta hasta que te permita que te acerques.
  • Tócalos: no hay nada mejor que abrazarlos, acariciarlos, masajearles… Incluso en los momentos en los que no nos caemos bien mutuamente. El contacto físico es muy importante para su desarrollo emocional.
  • Escúchalos: óyelos y escúchalos. Tienen mucho que decir y mucho que enseñarte. Tenemos muchas cosas que hacer pero su vida es tan interesante como la tuya así que a lo mejor tiene que contarte cómo ha ido su mañana.
  • Huélelos: no sólo para saber si se han hecho caca o no. Usa tu olfato para ver por dónde van sus sentimientos y su bienestar.
  • Saboréalos: cómetelos a besos mientras te dejen hacerlo. Cuando somos cariñosos con ellos nos lo van a devolver multiplicado por mil.

Recuerda que si necesitas una consulta de psicología infantil puedes ponerte en contacto con nosotras. Podemos ayudarte a aprender habilidades para tratarlos con amabilidad y firmeza, teniendo algunas sesiones de psicoterapia infantil. Ponte en contacto con nuestro equipo y estaremos encantadas de atenderte sin ningún compromiso.

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