Señales de una escucha activa

En estas vacaciones navideñas mi hijo ha estado tan contento porque hemos estado “toda la familia”: su papá, su hermano, él y yo. Cuando eso sucede él lo enuncia con una sonrisa, es feliz. Mientras pasamos tiempo juntos yo aprendo mucho de él y estas semanas me ha mostrado algo que yo trabajo en la terapia de pareja. Y como he podido comprobar, sirve para cualquier relación.

Hace unos días, estábamos sentados en su cuarto dibujando en un calendario nuestros planes navideños, hablando sobre qué queríamos hacer. Yo pensaba que nos estábamos entendiendo, cuando se acercó y me cogió la cara para que lo mirara a él. No recuerdo qué estaba haciendo yo, pensé que escucharlo, pero me di cuenta, que no lo estaba mirando.

Una de las principales muestras de la escucha activa no es usar el sentido del oído, sino el de la vista. Si yo dirijo todo mi cuerpo y mi cara hacia la persona que me está hablando, y mis ojos se fijan en ella, sentirá rápidamente que es mi centro de atención. El principal objetivo no es entender intelectualmente, sino conectar y empatizar emocionalmente. Escuchar ayuda a entender la experiencia del otro y a desarrollar empatía.

En cuanto volví a mirar a mi hijo, él se fue a su sitio y siguió hablando conmigo tan interesado en nuestra conversación como antes. Se dio cuenta que yo lo volví a escuchar con auténtica curiosidad. La escucha activa implica entender la experiencia plena del hablante, incluyendo cómo piensa, lo que siente y lo que necesita. No vale simularlo, cualquiera se da cuenta de que estás actuando, hay que hacerlo realmente.

 

Barreras frente la escucha empática

Todos sabemos que escuchar es muy importante, pero a veces metemos la pata porque no sabemos cómo hacerlo. Os quiero mostrar cuáles son las principales formas en las que nos equivocamos, es decir, cuándo creemos que estamos escuchando, pero no es así:

  • Damos explicaciones: mientras la otra persona nos habla tendemos a explicarle las razones y a razonar para quitarnos culpa; “No te pude llamar porque llegué muy tarde a casa”.
  • Tranquilizamos: decimos cosas para consolar o tranquilizar a la otra persona; “No va a pasar nada”. Nuestro propósito es mejorar y reducir el dolor.
  • Interrogamos: intentamos aclarar los hechos y entender su perspectiva, y se nos olvida entender su punto de vista; “¿Por qué tenemos que llegar a tiempo a todo?”. Formulamos muchas preguntas para intentar razonar y racionalizar la emoción de la otra persona.
  • Solucionamos los problemas: nos precipitamos dando consejos o intentando solucionar el problema, en lugar de escuchar; “Podemos pedirle a mi madre que haga de canguro este sábado”. Esta técnica es eficaz después de que la persona se sienta escuchada y entendida.
  • Apaciguamos: nos mostramos de acuerdo en todo sin escuchar realmente; “Lo que tú quieras”. Asumimos la responsabilidad o cedemos, para poner fin a la conversación, lo que bloquea el verdadero entendimiento.
  • Descarrilamos: cambiamos de tema o llevamos la conversación en otra dirección.
  • Corregimos: reorientamos la conversación para obtener los datos exactos en lugar de entender su experiencia; “Te llamé a las 10.15, no a las 10.30”. Esto es confuso y distractor para la otra persona.
  • Juzgamos: evaluamos globalmente a la otra persona: “Eres demasiado sensible”. También juzgamos cuando respondemos a parte del mensaje que confirman nuestras propias creencias.
  • Identificamos: referimos a nosotros mismos lo que nos dicen y nos metemos en una historia sobre nuestra propia experiencia; “Yo me sentí igual cuando tú no me llamaste anoche”. El interés pasa a nuestras preocupaciones, en vez de centrarnos en lo que la otra persona nos quiere transmitir.
  • Leemos la mente: respondemos a las suposiciones sobre lo que la otra persona “quiere decir en realidad” o sus motivos ocultos. Nos olvidamos de centrarnos en lo que está diciendo en realidad.

Con todas estas barreras lo que hacemos es minimizar los sentimientos y las necesidades de la persona que nos está hablando.

Habilidades para la escucha activa

Seguro que después de haber leído esas barreras os habéis sentido identificados con algunas. Y además pensabais que haciendo eso estabais escuchando realmente. Vamos a ver cómo podemos escuchar de forma empática, es decir, que no solo escuchemos lo que habla, sino también sus emociones.

Os recomiendo que al principio sigáis estos pasos, cuanto más lo practiquéis más fácil os va a salir luego:

  • Parafrasear: el primer paso puede ser reflejar y resumir lo que la otra persona nos ha dicho, intentando ser lo más literal posible. Y después, podemos expresar los sentimientos y necesidades que nos haya contado, de esta manera se va a sentir entendida/o.
  • Confirmar: tenemos que clarificar si hemos escuchado correctamente el mensaje. Podemos preguntar: “¿Es esto correcto?”, “¿Hay alguna otra cosa?”. Recordad que tenemos que obtener la confirmación de que ese es el mensaje antes de continuar.
  • Validar: esta parte es un paso más allá de parafrasear. Vamos a intentar hacer comentarios que transmitan empatía y validación; “Es normal que te sientas…”
  • Responder: aquí ya podemos incluir nuestros pensamientos y sentimientos, pero intentamos manifestarlos sin formular juicios.

Al principio, puede parecer complicado porque vais a estar descubriendo muchas de las barreras que hemos visto anteriormente. El primer paso para aprender a escuchar es ese, detectar cuándo no lo hacemos. Si con esos pasos que hemos visto os dais cuenta que seguís teniendo problemas, recordad que en Promethea estamos para ayudaros a mejorar vuestra comunicación. Así que para lo que necesitéis podéis pedir cita presencial y recordad que también tenemos terapia online y os ayudaremos a mejorar vuestra comunicación en pareja o en cualquier relación. En Promethea, Centro de Psicología en Granada, queremos ayudaros y que no os sintáis solos/as.

 

Artículo escrito por
Carmen Montoro
Psicóloga, terapeuta de pareja, sexóloga y
co-directora en Centro de Psicología Promethea

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